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martes, 18 de mayo de 2010

032

Pañuelos grises sin lágrimas que secar

Son la uña encarnada,
Un instrumento desafinado,
O un florero vacío

El espiral de emociones comienza a girar
Se cumplen los ciclos
Y todo vuelve a lo mismo

La vida acaba en muerte
La muerte, si fue digna, en alivio

Lo sin sentido se vuelve específico

Nitsuga

amor sos vos

El recorrido del tren está cortado por una calle de poca circulación. Abajo del puente, dos travestis gordos coqueteaban con unos muchachos. Nosotros nos aproximábamos rápido, borrachos. En las primeras horas del domingo, apenas terminado el sábado, cualquier porteño, o persona que habite en la Capital Federal, puede sacar una porción del enorme caldo de vicios que se cocina aquí.



La ciudad se enciende ante nuestros ojos. Recorrimos el mismo camino que cuando fuimos. Salimos a Santa Fe y Puente Pacífico estaba, inmenso, ante nosotros. Avanzamos hasta cruzar la avenida. Avalanchas interminables de autos arremetían contra los semáforos en verde.

TNN
tema: mataplantas

Asomarse

Todavía que re spira mos
Cuando deberíamos estar mudos
en el fondo del mar.







- Todavía que tropezamos
siempre con la misma piedra -
Grita encerrado en los azulejos
Rabioso de querer hablar
Por esos ojos de marfil

Bailan paralelos al carnaval,
desfilan entre los rezagados de esta octava

Todavía que tropezamos










Siempre con la misma caída
El milagro debería asomarse.

                


TNN

cuando de noche la cabeza

- Loco, ¿tenés un cigarro para convidarme?
- Si. cómo no.
Sacó un Viceroy y se presentó estirándome la mano. "Un gusto, el Tano". Cuando le dije mi nombre no escuchó, todavía tenía los auriculares puestos.
La nieblita de la noche del invierno estaba alta hasta la mitad de la calle y en la estación, un frío de locos. Nos pusimos a hablar, ahí, mientras esperábamos el tren en el banquito donde me sentaba a esperar cada vez que volvía de Padua a Once.
Vino el tren, uno de los últimos del domingo. El tano hablaba mucho, era claro y te hacía entender cuando subrayaba una idea. El énfasis casi desquiciado de los que no pueden dejar sin contar ningún detalle de la historia. Claro y verborrágico porque se puede acabar la charla y no te contó una de las cosas más importantes, una más.



Castelar. "Doble vida. Siempre me di mañana con las manos. Desde chico, viste. Construcción, electricidad. Corte, maestro mayor de obras. Y pegué como encargado de un complejo de 6 edificios, en Quilmes. Re parado estaba. Pero de noche salía a poner coches, porque siempre faltaba, viste". El Tano me caía bien. Es difícil de discernir, con las personas que no conozco, si están mintiendo o no. Pero era copado. Con los ojos grandes, consternados y brillosos como un faro, pero no parecía un tipo con malas intenciones.
Ramos Mejía.
- Loco, ¿no te copas y te bajás en Ramos y te invito un vino. Así te termino de contar la historia? El bondi que me tomo pasa acá.
- Eh, bueno dale, le dije. Si total, no tenía nada que hacer.
 Fuimos a mear atrás de la estación. La nieblita de la noche de nuevo y ya era lunes. Caminamos para buscar un lugar a donde vendan vino. Caminamos por algunas cuadras adentro de la avenida, por la avenida, nada. Volvimos al mismo lugar, las sombras que dejaban de ser sombras en la luz del paso a nivel en las vías. Alguien había prendido fuego unas bolsas de basura atrás de un puesto de flores cerrado. Y las sombras seguían siendo sombras que se deslizan a la noche por el pavimento. Por la vereda. Y de nuevo a caminar en la calle "para no delatar miedo", dice el cordobés Vicente Luy.
- Bueno, vieja, no pasa nada. Pero algo vamos a tomar, aunque sea unos pases.
El tano buscaba en los bolsillos, yo me estaba fumando un cigarro. Un auto pasó por la calle. Atrás iban cuatro nenes, pegados al vidrio del costado. De diferentes edades peleaban por un poco de espacio en el vidrio. El Renó diecinueve iba rápido. Los pendejos nos miraron fijo. De diferentes edades. Su boca estaba abierta. Y nos siguieron con la mirada hasta que no nos pudimos ver más. Los seguí con la cabeza, con el aburrimiento y el vacío de la ansiedad. Pensar en una sola cosa te aisla y te remite a un estado de pura búsqueda personal.
- ¿Y, Tano, qué onda?
- Acá está.
Ovillo de papel metalizado.
- Dale, dale cabezón, poné el huequito de la mano.
Me invitó dos más.
y fuimos a fumar un cigarro
de narices en invierno
en la estación
de la una y media
de la mañana
en zapatillas de invierno
sin medias es mejor que
con agujeros
fuimos con pasos de invierno
con piernas entumecidas
y el cuello que tiembla desbordado del frío.
Abajo, en el túnel para pasar de un lado a otro de la calle, los azulejos amarillos, gastados, pintados, al borde de la caída y del estallido. El mismo frío y con menos viento. Dos pibitos estaban durmiendo al lado de la máquina que saca boletos. "Eh, amigo ¿no sale uno de ahí?".
-No guachin, la matamos ahora. Le contestó el Tano. Yo los miraba. No pensar, pensar en nada, la mirada fija, cuelgue.
- ¿Cómo le decís vos?
- Enrosque le digo. Poné que te sirvo.
Nervioso estaba el tano
de lo duro que estaba
"Un día me vas a conocer mi verdadero yo"
me dijo
que le dijo
a la pibita que se venía chamuyando en el tren
"Le comí la cabeza, boludo" dice riéndose. "Pobre".
Pasá cuando quieras
le contesto la piba
le dijo que trabajaba en Liniers
en el puestito
dónde la vió.


TNN
foto: los pibes

miércoles, 12 de mayo de 2010

Don Genaro

Genaro estaba usando esa vieja campera que había encontrado la otra vez, en un baúl donde guardaba cosas en desuso. Puso su mano en el bolsillo y sacó un bollo de papel muy deteriorado. Lo abrió y encontró allí una serie de indicaciones. Se puso los anteojos y las leyó con atención:

_______

Genaro... Por favor:

1- Dale de comer al gato, la comida esta atrás de la puerta de la cocina, cuidado con la bolsa que está rota y se puede caer todo!!


2- Colgá la ropa limpia en la terraza, pero fijate que esta vez le de el sol!


3- Comprá pan y 2 kg de tomates, y caramelos para los chicos de Luciana que vienen hoy.


4- Pagale al jardinero, la plata está en el cajón de la mesa


5- ¡Barré un poco la casa que parece un chiquero!

Genaro recordó cuando hizo todas esas cosas aquel día, hacía ya 9 años. También recordó que esa lista había sido la última de las listas. Ya se le caían las lagrimas cuando leyó un poco más abajo PD: te amo.

Cincuenta y cuatro años de matrimonio junto al amor de su vida, y el vacío de esos últimos nueve se le vino en encima. Era un golpe que no esperaba. Después de un rato subió a la terraza para ver si esta vez había colgado su ropa al sol.

Nitsuga.

- se te apagó todo al rededor se te prendió la mecha si ya escuchás
la pared
la gota de agua
adentro
las cañerías
las ratas
los dientes que se parten
de la rabia siempre oscuros -

b


foto: los pibes

Tanto daño

Sus gritos no se escucharon
Sus llantos no hallaron consuelos
Su boca se secó
Su voz se quebró
Su corazón se marchitó
Se dió cuenta que estaba solo
Y que había sido olvidado

Nitsuga

Tristessa

                                                                                           

Tristessa tiene embotados los sentimientos. No es una actitud cobarde, al contrario, sino que, es el precio de aquellos que quieren vivir las cosas con tal intensidad que, de a poco, van internándose en el otro lado. Algunos como ella, no ven nada verdadero en este mundo y saben que para percibir realmente y ver las cosas como son, tienen que atravesar las puertas…
Cada vez tolera menos la vuelta y espera con ansias regresar a ese estado de plenitud. Aunque no todos son buenos viajes, prefiere esa sensación auténtica y se irrita en aumento ante las emociones triviales que le presenta la cotidianeidad. No entiende como el común de la gente se preocupa tanto por estupideces cuando ni siquiera comprenden que su manera de ver el mundo es incompleta y pobre. No vale la pena intentar persuadirlos tampoco, ya vienen así de fábrica y de años de amaestramiento conservador, opta por recluirse en sí misma y contentarse con la certeza de la iluminación yonqui: genial y dudosa a la vez, tan extraña y rebuscada y frágil, cual castillo de naipes.
Es inmune al amor, al placer sexual, al dolor del cuerpo y a las buenas costumbres. Una vez que pasas ciertas situaciones y experimentas sensaciones extremas, toda emoción menor resulta demasiado superficial y vacía. No tiene miedo. Quiere sentir, pero nada le llega, entonces recurre a su único y fiel amante. La vida es una circunstancia más y no hay nadie arriba que la dirija, sólo hay que sentarse a esperar o tomar las decisiones, lo cual es más difícil porque siempre hay un precio para pagar. Ella es Tristessa, tan profunda e infinita, misteriosa e intensa. No hay otra cosa que hacer más que convivir con ella y aceptarla en su estado o dejarla ir, no va a cambiar y ya deberías saberlo.

agu.-

(*) Arte del disco Momo Sampler de Los Redondos

lunes, 10 de mayo de 2010

El bosque

Cuando empezó a derretirse la nieve del bosque, las personas aparecieron de repente. Yo que había estado solitario, refugiado en mis libros al calor de constantes fogatas, me vi gratamente sorprendido. Acampantes comenzaron a poblar la zona trayendo una atmósfera que jamás habia sentido en ese hogar alternativo. Las fogatas ya no alcanzaban a calentar a tanta gente y pronto comenzamos a poblar el claro aledaño a mi primer lugar de refugio, alrededor de una hoguera constante. El bosque proveía. Toda persona que quisiera entrar al campamento era bienvenida. Sólo había una regla, no podía existir el contacto con el mundo exterior. Iba principalmente destinada a la tecnología electrónica moderna que no te dejaba vivir el momento. Yo ya lo había padecido, como autómata dejaba que vivieran la vida por mí, que me dijeran que pensar, que sentir. Simplemente ser conciente de las manipulaciones no era suficiente, necesitaba más. Poco a poco fui cortando mis raíces, esas que me forzaban a quedarme en el molde aunque no estuviera cómodo con la situación. Al tiempo logré juntar valor y el único rastro que quedó de mi fue una extensa carta arriba de la mesa. Cuasi-filosóficamente contaba las razones por las que debía dejar esa sociedad. Estaba escrita con mis palabras, casi escupidas, sin forma ni patrón, pero Bukowski me había enseñado que mientras hubiera sentimiento la escritura era válida en cualquier forma. Y esa era la forma de expresarse de un disconforme, de un loco. Los primeros en encontrarme en el bosque me relataron cómo fue que quien encontró la carta logró publicarla. Y toda esa gente que se me unió en el campamento aparentemente la habían leido, y nos habíamos conectado, leyeron lo que yo sentí, entendieron lo que yo sentí y finalmente, sintieron lo que yo sentí. Al fin de cuentas, debe haber muchos más locos tal como uno mismo dando vueltas por allí, esperando la reacción en cadena.







TNN

jueves, 6 de mayo de 2010

Un loco lindo

Mi cabeza ya entró en esa especie de embudo que es la vida diaria repetitiva. Una vuelta, dos vueltas, tres vueltas, siempre para abajo.
 Y claro, cada vez se me hace más angosto.¿cuantos giros más iba a aguantar, y cuantas giras? Los animos se agotan, despues de todo, no soy un personaje de Full Metal Jacket.
Pero por suerte terminaba la semana y al salir de la facultad mi amigo me habia invitado porro.
Hacia unas semanas no fumaba, estaba contento, me podia despejar un poco, quebrar el sinfin de pensamientos diarios, siempre los mismos.
En el bondi escuche la radio, algo tenia de malo, ¡Sí!, solo 4 putas estaciones grabadas... ¿tan repetitivo soy? Me encule de toque con todos los pelotudos de turno que hablaban y apague el aparato.
Saque de la mochila el libro que un amigo me regalo. Poco podia entender a Kafka cuando me hablaba sobrio, menos lo iba a poder entender cuando mi atención no se posaba en la misma cosa durante 2 minutos. Pero le di una chance, total, de ultima lo cerraba en Puente Saavedra y dormia hasta casa. Pero me contó una historia maravillosa.
La lei y no me pude contener antes de empezar a leer la ultima pagina de abrir mi propio cuaderno y escribir unas ideas que me habian venido. Queria reescribir el cuento a mi modo, con mis errores.
Pateando a casa me iba acordando de todas las ideas que tenia estando loco, algunas las escribía pero mi sobriedad me hacia tirarlas al otro dia.
Tal vez le deberia dar mas bola a ese loco lindo.






TNN

luces rojas. voy a entrar

Si no había luces rojas, practicamente, no era un martes común. Era el día. Se estaba muy tranquilo en ese puterío los días de semana. . La puerta tenía un polarizado desde el piso hasta el techo. Golpee por favor, el timbre no anda. De la sombra emergía, frecuentemente, Esther. Una mujer con cara de noche. De esas personas que me llevan a pensar qué fue lo que las arruinó. Si el escabio, el marido golpeador, el desempleo o la falopa o todas juntas como una escalerita de dominós que se derrumba en la voracidad de la gran ciudad. Gorda y con unas ojeras como bolsas pendiendo de unos hermosos ojos grises. Casi siempre, en perfecta sintonía con su pelo canoso en las raíces  y con tintura vieja en el resto de la bocha. Mientras buscaba trabajo, veía en los clasificados las solicitudes para recepcionista/telefonista. Siempre me preguntaba cuánto le pagarían a esas mujeres que siempre, sin excepción,  fueron viejas; y siempre pensé lo bien que la pasaría yo, con las luces bajas todo el día, con una heladera repleta de Quilmes, latita, y con las putas bamboléando el culo para todos lados durante mi jornada. Compre dos birras, latita
- Pasá por este cuarto, chiquito.
Había viejos que entraban el viernes con un fajo de billetes y se iban el lunes a la mañana. Increible ¿no?. Una casa de mala muerte. Con olor a mala muerte, con paredes de infierno y con sonidos de purgatorio. Los gritos y ruidos de presentes que se regocijan de placer, que se llueven de hormonas y se funden bien arriba, junto con el humo del cigarro del sahumerio del vapor de la ducha, con los golpes de la ficción del placer por dolor.
Y los viejos con sus billetes y sus esposas y sus hijos en sus colegios privados, todos juntos mostrándose en toalla por el puterío. Todos personificados en esa panza peluda que me pasa por al lado.
- Sabés qué, Esther. Me parece que hoy no voy a pasar.
- Pero ya viste a las chicas, ya elegiste, ya perdieron otros clientes, ya ya ya ya
La gorda me quería hacer pagar por ver. Me quise ir sin pagar por ver. De la cortina no salió la figura de otra telefonista fisura. Un gordo, con los labios tiesos, secos. Los ojos como bolas negras parecían cocidos por los parpados, con fuerza y precisión, a las cejas. Me miraba fijo, inclinado sobre su eje. Haciéndo fuerza con los tobillos. De la campera saqué 10 pesos y una birome.
- Pero loco, yo vengo siempre acá.
Puntazo y a correr.

TNN